lunes, 31 de julio de 2017

Fuego


De niño lo observaba. Veía la leña quemándose en la chimenea, el humo yéndose despacio hacia arriba. Me quedaba un buen rato mirando el fuego, tal vez horas. No había tantas distracciones. Las computadoras todavía eran casi ciencia ficción, la televisión tenía dos canales que no siempre se veían, tampoco había mucha gente viviendo alrededor. Y el fuego siempre estaba ahí, todo el invierno. Compañero de mentes más libres, fiel ayudante en el ejercicio de pensar en nada. Hoy me di cuenta que lo extraño.
Cada vez con más frecuencia nos ponemos a interactuar con personas que se alejan del viento, del agua, de la tierra y del fuego. No sé de qué me asombro, si ya me estoy convirtiendo en uno de ellos. Soldados del vacío, predicadores del ruido. No.
Fuego, lo necesito. Fuego, purificador y redentor. Fuego, donde depositar mis cansados ojos. Fuego, real; me ayudará a apagar el fuego en el cerebro...

No hay comentarios:

Publicar un comentario